Esta semana se llevó a cabo las pruebas de estrés a los principales bancos estadounidenses por parte de la Reserva Federal, esta es nueva política resultante de las discusiones iniciadas justo después de la crisis financiera del 2008, específicamente como parte de la Ley Dodd-Frank que busca aumentar la regulación en el sector financiero. Las pruebas en sí tienen dos principales objetivos: uno es evaluar la capitalización que tienen los bancos en referencia a la deuda que han emitido y el aumento en liquidez que han manejado como resultado de la extensión de créditos; el segundo, es traer estabilidad a los mercados, asegurando que no haya una corrida en el sector.
Ambos objetivos son el resultado de la inestabilidad que se presentó en los mercados después de la quiebra de Lehman Brothers, puesto que los bancos no contaban con la liquidez necesaria para enfrentar las extracciones cada vez mayores de inversión se vieron en la necesidad de fusionarse o quebrar. Las pruebas de estrés buscan entonces identificar si sobrevivirían estas instituciones, el resultado fue en general positivo, con un índice de capitalización mínima de 15% se cree que se puede evitar contracciones de liquidez.
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